lunes, 12 de abril de 2010

Me moriré de ganas

Humano el que tropieza por segunda vez con la misma piedra. Si me largué fue por no preocuparme únicamente de ti. Si escribo esto es porque todavía hoy me sigo acordando de los besos que nunca me diste. Escribo aquí lo que escribí en la carta que nunca pude darte. Tenía pensado dónde dejarla y sabía que cuando fueras al baño (como todos los días) aprovecharía para esconderla. Primero pensé en tu almohada como guarida de mis palabras, pero era más que posbile que te hubieras deshecho de ella en una muestra más de tu violenta conducta cariñosa. La noche siguiente encontré el sitio perfecto. Era un adiós pasajero por aterrarme la idea de no poder olvidarte: la maleta. En lo que ibas a ponerte guapa daba tiempo más que de sobra para abrirla y esperar a que cogieras el próximo tren. Ganó la maleta la partida a tu almohada, pero sólo en mi cabeza. Como tantas otras cosas.

Con acento en la a. Así terminaba la carta.

lunes, 29 de marzo de 2010

Colmillos incisivos

Hablemos de drogas. Creo que la primera vez que oí esta palabra tendría poco más de siete u ocho años. Caminaba con mi madre y mi hermano e íbamos a hacer cualquier recado propio de una madre y sus dos niños. Mi madre cambió bruscamente de acera (con nosotros detrás, claro) porque por la que íbamos tranquilamente paseando había un 'drogadicto'. La curiosidad de los niños de esta edad pica, asi que rápidamente preguntamos qué era aquello. De la respuesta no me acuerdo, pero al ver la cara de mi madre antes de cambiar de calle, no debía ser nada bueno.
Pasado un tiempo, ya en el colegio o el instituto, cada poco tiempo venía gente a darnos de esas charlas que paraban el desarrollo normal de las clases para hablarnos de las drogas: sustancias muy malas que crean adicción y te comen por dentro.
Crecemos, y como tal, nos drogamos. Unos la respiran cada día, otros se la beben cada semana, otros se la fuman, otros ni las nombran.
Yo sin embargo, como dice mi madre, soy más listo que todo eso, o al menos, eso cree: ampliamos el concepto de sustancias muy malas que crean adicción y te comen por dentro, a aquellas sonrisas que me dan el subidón, y cuando dejan de oírse y necesito drogarme, me vuelvo loco por unos dientes con brackets.

domingo, 14 de marzo de 2010

¿Cuando las canciones se convierten en un estado de ánimo...

Cuando las canciones se convierten en un estado de ánimo resulta complicado escuchar algo que te distraiga del ambiente en el que te ves inmerso.
Era sábado y fuera quien fuese el o la cantante, lo hacía en inglés. Sonaba jodidamente bien pero entenderlo estaba a la altura de muy pocos. Eran sonidos graves de al menos una guitarra que entonaba lo que en alguna estrofa su autor no sabía afinar.
No conseguía entender más que alguna que otra palabra suelta, pero cuando las canciones se convierten en un estado de ánimo el creerse en posesión de la carrera de traducción e interpretación estaba a la orden del día.
Cerró los ojos y la banda sonora dio paso a una serie de sensaciones motivadas por la soltura conseguida tras varios años de estudio en aquella facultad que se movía de aquí para allá.
Cuando las canciones se convierten en un estado de ánimo solía tumbarse en la cama, desnuda aquella noche, con la misma música a un volumen lo suficientemente alto para evitar escuchar sus propios pensamientos. Círculo vicioso en el que la música inspira sentimientos para luego ocultarlos y no dejar oírlos.

...conviene seguir con los cascos puestos?


viernes, 5 de marzo de 2010

Rasta

Se deja enredar entre mis manos,

como los nudos en la rasta de mi pelo.


Todavía no la tengo,

pero la quiero.


Raíces enraizadas,

verdades disparadas.


Besos por la espalda,

cuestión de peso.


Ojos muy abiertos,

ojos cerrados.


Cine sordomudo,

cine cojo.nudo.


Como en la rasta de mi pelo:

todavía no la tengo,

pero la quiero.

martes, 23 de febrero de 2010

Papá, papá...

Lo que más le costaba a la hora de escribir era poner el punto final. Cerrar las historias se convertía en una nueva historia con un final común. El titulo solía ponerlo al acabar de escribir y haberlo leído un par de veces.
Estaba bloqueado, delante del ordenador, y le rondaban varias cosas por la cabeza. El titulo se la sudaba, pensaba en poner algo llamativo para captar su atención pero sabía que tarde o temprano lo leería. El final lo tenía decidido. Sabía cómo y cuándo poner ese punto final. Pero aquella historia estaba al revés. No sabía empezar.
Su estilo era vivir, asimilar, y escribir. Mil cosas por contar contra pocas por asimilar. Duelo de sentimientos equívocos con un fondo común. Escenario familiar corrompido por la amistad. Listones insuperables. Consecuencias.

Dinero: objeto, símbolo, cosa, a la que atribuimos por convenio un valor mayor o menor, y con lo que solucionamos los problemas.
No, todos NO.

domingo, 24 de enero de 2010

Clave de Fa

Él apenas la tocaba y ella apenas se dejaba tocar. La dulzura con la que acariciaba sus partes más delicadas contrastaban con la aspereza de sus respuestas metálicas. Sus continuos dolores de cabeza harían sospechar a cualquiera de su capacidad de satisfacerla.
Armónico juego de seducción en el que ella siempre tenía la razón. Réplicas mudas para intentos sonoros. Contestaciones arrítmicas para súplicas íntimas.

Y es por esto que toda guitarra deba tener un nombre de mujer. La mía la acabo de bautizar. Poc a poc.
Para bailar la Baaamba!

lunes, 11 de enero de 2010

Doquier

Enamorarse de ella no tienen ningún mérito,
no hacerlo debería ser un delito.

Caprichoso, en la soledad de las noches en vela, se incorporó para escribir entre el sueño reprimido y el deseo fervoroso lo que serían sus primeras frases del año en aquella libreta de color azul pintada de negro hasta que llegaste tú.
No era la primera vez que escribía por ella ni sería la última. Una cuenta atrás pendiente se acercaba a su fin y ansiaba el día en que todo lo que escribiese tuviera aquel olor a victoria. Los olores se arremolinaban mezclados con vaivenes de colores que teñían los sentimientos de formas muy dispares. Unos días sí y otros no. El placer de lo lejano, confusiones en lo cotidiano, sentimientos que van de la mano y juegan a quererse gracias a los amigos que nunca te dejan de lado. Secretos, mentiras, deseos, malos pensamientos, pensamientos, malos pensamientos, pensamientos, buenos pensamientos.
Me preocupa, me preocupo, se despreocupa. El ciclo de la confianza en el lado sombrío de la montaña.
¿Qué canción me salvará mañana?

domingo, 20 de diciembre de 2009

Perte II

Nico, una vez vio que la llamada perdida era de la chica con la que últimamente se veía, no podía parar de pensar en aquello que aquel día le hizo sentirse tan culpable.
Había pasado poco tiempo desde que ella se había marchado triste, y a pesar de todos los intentos telefónicos por haberlo solucionado pocos minutos después, no había servido para nada.
No le gustaba ver esa sonrisa apagada y por mucho que lo intentara aquella noche no había forma. No era una noche especial, no celebraban nada, estaban todos juntos y todo marchaba aparentemente bien hasta que ella se fue. Como la luz que rodea al árbol de navidad y se funde, como el agua caliente que en invierno no quiere fluir, como el frío gélido que se mete hasta los huesos a pesar de vestir tres calcetines y tres chaquetas en esos inviernos helados. Como la noche en que marchó.
Nico quería contárselo a su abuelo, quería expresarse de la forma más sincera, pero siempre parecía que sus problemas, los de su abuelo, eran cien veces más importantes. Como si no quisiera escuchar a su nieto por miedo a lo que pudiera contar.
Volvió a encender su cigarro de tabaco de liar.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Parte I

Le cuenta el abuelo sentado en la ventana la de horas que se pasaban cuando él era joven sentado en aquellas mesas formadas por caballetes y un tablón doblado por el paso del tiempo tratando de escribir esas cartas de amor y desengaño a las niñas más bonitas de su pueblo.
El nieto, sin embargo, le escucha atentamente en su silla roja con ruedas, respaldo mullido y ajustable. Cuando el abuelo Víctor dejaba de hablar para volver a encenderse el cigarrillo de tabaco de liar que le mantenía en continua guerra cada vez que se apagaba, Nico, su nieto, miraba el móvil disimuladamente para comprobar que la llamada perdida que había sentido mientras su abuelo hablaba era de la chica con la que actualmente se veía.

martes, 1 de diciembre de 2009

Anarquía

Los famosos son una excepción. Para ella era un famoso porque tenía más de ochocientos admiradores en el facebook. Como dijo hace un tiempo un buen artista, si se corta la luz, esos ochocientos admiradores desaparecen y pasaría a ser tan famoso como yo. Anónimo, pero resultón.
Cuando tienes reglas, las excepciones emanan como fuentes. No las buscas, no las deseas (todas), pero vienen. Se presentan y te cantan aquella canción que te hizo enamorarte de aquella camarera de ese bar de mala muerte. ¿Quién no se ha enamorado al pie de una barra de un bar?
Te pones el Ipod para pasar del Rock a algo más poperillo y vienen recuerdos de aquella canción que te hizo llorar en aquel bar de deseada muerte artística, y posterior muerte física.
Abres la puerta de casa despues de pelearte con el frío para sacar las llaves de ese nuevo pantalón que te daña al querer llegar, y es inevitable pensar en los bares en que nacieron cinco de nuestras canciones. Quedó algo de nosotros en esos lugares.
Para ella era la excepción que confirma la regla.