jueves, 29 de agosto de 2013

Acordes recíprocos

No querría pasarme una ETERNIDAD con una banda sonora que tuviera por raíz un montón de preguntas sin un porqué. Te pasé la pelota. ¿Por qué? Sin esa canción, sin esas preguntas y sin respuestas en potencia. He tardado unos meses y una noche de (en)sueño hasta que la aprendí a tocar.
Prefiero tener una banda sonora (cíclicamente) TEMPORAL en la que la única raíz es mostrar que lo mío es real. Me pasaste la bola. ¿Serás capaz? Sin esta canción, sin esos miedos y sin esa habitación. Has tardado unos meses y una noche (más) en reconocer tu realidad.
Y aunque los tachones empañan la claridad de la historia, justo al contrario, fortalece más.

lunes, 26 de agosto de 2013

Mujeres que rompen diptongos

Ese momento en el que escuchas canciones sin parar esperando encontrar aquella que pueda cambiarlo. Las horas delante del ordenador con una hoja de Word abierta en blanco buscando las palabras que ya han salido a volar.
Ese instante después de oír el móvil vibrar con la ilusión intacta de ver quién es. El auto-convencimiento cuando (casi) nunca es. Las consecuencias cuando sí. Los días antes alimentando una adicción y los días después esperando tu desintoxicación.
 
Los momentos pasan de largo salvo si encuentras la canción que se adapta a lo que quieres. Tengo un par de páginas tuyas, tengo que decirte que eres alguien especial. A veces. Las horas pasaron y las palabras fluyeron con gracia. Porque como arma de defensa no hay quien te gane a una de esas carcajadas. Aunque sean medio verdad. 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Escala cromática

Volver a escribir era cuestión de tiempo y volver a publicarlo cuestión de tiempos. Tiempo muerto y tiempos muertos. Estados que cambian al ritmo de 3G en un juego sin sentido en el que las huellas de la tortugan van demasiado rápidas para un cuento sin final. Plas. 
Escribir es llorar letras, a veces tristes a veces no, pero siempre sugestiona lo justo para acabar de hacerlo y sentirse mejor. Respirar. Leer los suspiros de hace tiempo es la vara de medir, la báscula donde comparar si hemos engordado o si tenemos que correr más.

He escrito mucho, lo he releído absolutamente todo y hoy no he ido al gimnasio.

domingo, 10 de febrero de 2013

Vale

Que mi primer recuerdo vuele hasta el dia en que perdí mi calzoncillo favorito y callaste porque ya me habias enseñado todo lo que podía esperar, vale. Que el segundo recuerdo golpee mi forma de reaccionar por creerme en confianzar y recibir un saque directo en un partido en el que sólo nos jugabamos monedas de plástico y cinco euros que nunca me quisiste cobrar, vale. Que me ganaras con todas las fuerzas de este mundo el día que, convaleciente, me diste aquellas hojas de sen, vale. Que los buenos días tengan asociados bandejas con pasteles y horas de crash, vale. Que nunca me olvide del unfaithfully yours, vale.

Pero dejar de sentirme agusto aunque los pasos no marquen el camino y quiera mantener la distancia adecuada, COTORRA

jueves, 31 de enero de 2013

5 minutos más

Sueño es querer despertarse cinco minutos más tarde para ver que aún sigues dormida. Sueño es levantarse y tropezar con tu pijama. Sueño es el beso de buenos días  que ayer no te di y hoy ordenó tu ropa en el armario.

miércoles, 30 de enero de 2013

Hemorragia esplénica

El poder del contacto físico en situaciones fuera de lo normal atraviesa los límites de lo racional. Había perdido mucha sangre y entraba a quirófano. Tenía tanto frío que no temblaba, rebotaba contra la mesa de operaciones. El suero caliente tardó en llegar y diez segundos después me dormí sin recordar cómo. 
El camino a un quirófano para operar de urgencia en una camilla rodeada por médicos, enfermeros y enfermeras a toda velocidad por los pasillos de un hospital viejo en el que todo el mundo mira sorprendido y solo bajan el ritmo de la carrera para ver a tus familiares el tiempo suficiente para guiñarles un ojo y decir que todo va a ir bien, en ese recorrido solo hay una forma de tranquilizarse. 


Adela siempre tenía las manos frías y yo estaba a punto de rebotar, pero todo el camino dándome la mano, ese es el poder del contacto físico que hablábamos. El poder del cariño. 

Ahora el contacto físico se cambia por whatsapp y el cariño por emoticonos. 

jueves, 24 de enero de 2013

Un viaje a cucharadas.

Pedirte perdón una vez al mes por haberme acabado el bote del colacao. 
Espero que te guste el café y que nunca fueras de nesquik. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

El precio del amor a primera vista

Me pilló impune cuando volvía de un buen día en el trabajo. No tenía prisa, no hacía ni frío ni calor, llegar a casa no era una urgencia y sus ojos se clavaron en los míos a más de 10 metros; decir que no tenía un momento era mentir, y con esos ojos, yo no sé mentir.
Se llamaba Sofía, me miraba fijamente mientras sonreía sin parar a pesar de los pesares. Podría estar tenso pero se me hizo corto, no nos vamos a engañar. 
Me preguntó que si era de Madrid, cuánto tiempo llevaba aquí, si trabajaba, por mis raíces, mi móvil. Todo lo que esperas que alguien como ella te pregunte sin parar de mirarte a los ojos y sonriendo. -Qué sonrisa!
Entre pregunta y pregunta, entre dato y dato demoledor, mi cabeza me taladraba el subconsciente diciéndome que debería aceptar, que debería hacerlo, pero no por ella, por responsabilidad moral y por coherencia con la gran suerte que he tenido (MUCHA) y que cientos de miles de personas en mi situación no.
Paralelamente el otro lado de mi cecebro me hacía creer que me llamaría. Te llamará, te llamará, te llamará...

Han pasado menos de dos horas y me ha llamado. Al otro lado del teléfono seguía sonriendo y me ha preguntado qué tal estaba.  Contesté que muy bien y devolví la cortesía. A continuación le he dado el número de cuenta y ya soy socio de la Cruz Roja durante los próximos 6 meses. 



lunes, 1 de octubre de 2012

Mirar arriba para no mirar atrás.

Me acuerdo de mi primera guitarra, aún la conservo y de vez en cuando recordamos lo felices que eramos aprendiendo a hacer los acordes de sol. En realidad he tocado y disfrutado tres guitarras a lo largo de mi vida. La primera vivía aún en la casa antigua de techos altos y crujidos por definición. Era española, venía con una funda maravillosa con un bolso para guardar las canciones, el afinador que, ese sí, nunca te he sido infiel y sigo necesitándote cada día, y cada vez sonaba mejor. Yo creo que era su forma de decirme que me quería. Nos mudamos juntos de casa y aprendimos ahí el acorde de fa. Pero unas navidades alguien más entró en nuestra habitación. Me habían regalado una guitarra electroacústica que inmediatamente bauticé con los mejores acordes que años atrás había aprendido con la española. Pero nuestra primera etapa juntos duró poco, a los 7 meses un viaje inesperado de casi un año nos separó y es ahí donde conocí a la tercera en discordia. Era española pero hecha en china y se nos rompió el primer día que nos la regalaron. Digo en plural porque no era solo mía, fue una relación complicada. Pues fue la hispano-asiática la que me hizo darme cuenta de lo que necesitaba a mi electroacústica.
Al volver del viaje de casi un año nos reencontramos, estábamos contentos de volver a vernos, de seguir molestando a nuestro alrededor por las cosas que sólo nosotros entendíamos.

El problema viene ahora. Encontré meses atrás cierta estabilidad. Trabajo, nueva ciudad, nuevas compañías, nuevos ambientes, y ella. Pasó un día entre semana que volvía de trabajar y cambié la dirección de vuelta a casa por otra con ningún destino concreto porque el calor que hacía no era tanto como para meterse en casa y esperar hasta las 10 para cenar y mañana será otro día. Una pequeña tienda de música se cruzó en mi camino y allí estaba ella: la primera impresión fue muy buena, una guitarra eléctrica de tonos oscuros. Pasaba desapercibida por estar rodeada de un gran piano de cola y varios instrumentos de viento dorados y con muchas clavijas, pero me llamó la atención.
Una vez en casa, antes de cenar y aprovechando la paz de estar sólo en casa, me puse a tocar con mi guitarra, mi electroacústica. No sonaba nada mal, el mástil y las cuerdas y los trastes y mis manos se conocían a la perfección, pero en mi cabeza no paraba de pasar una y otra vez la imagen de la eléctrica de la tienda de música entre mis brazos. Cené y esa noche dormí bien, como siempre.

Ha pasado más de un mes desde el día que la vi. Han sido más de uno los días que he vuelto al mismo escaparate, y muchos los días en que me quedé con ganas de ir. Duermo bien cuando paso por delante de la tienda y sueño con afinarla y tocar cualquiera de jack johnson los días que no. 

Y hay un problema más. Mi electroacústica me mira en la distancia y la tienda de música va a cerrar, ella me llama cada vez que la vuelvo a mirar pero son muchos los miedos, y entre ellos que el tiempo corre. Aunque sea en bajo, sin amplis y sin enchufar. Un acorde de do.
O de mi.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Invitación

Nos miramos, nos reímos, nos gustamos y nos despertamos juntos. Pero a las 11 after midnight del día siguiente cada uno estaba en su casa, o en su cama. Íbamos a vernos a media tarde pero se alargo la cita, se alargó porque estaba comprando un vestido para una boda. Quedó en avisarme y así lo hizo. 
Íbamos a vernos a media tarde pero se alargó la cita, se alargó y nos vimos a media noche. Nos miramos, nos reímos, nos besamos y nos bebimos más de dos cerverzas.

-¿Encontraste el vestido?
-Sí, me costó pero lo encontré, deberías verlo, es muy bonito.
-¿Y quién se casa, una amiga, un familiar...?

Hace una pausa, no incómoda, pero sorprendente, mientras sonríe.

-Yo
-¿Tú?
-Sí, me caso mañana.